descarriada

descarriada 21 de Noviembre de 2017

Los planes no se planean

Bastan tres días para cambiar por completo todos tus planes, y retroceder al punto de partida.

Tres días, y llegar al décimo sin haber digerido siquiera el primero de los cambios.

Sin querer, casi involuntario o extremadamente consciente, proyectamos nuestras próximas semanas, meses, años.  Un amor, un viaje, un auto,  una casa, un hijo. De todos los proyectos el más lejano siempre fue un hijo, claro, aunque confieso, como toda Susanita idílica, fantaseé más de una vez con la idea. Y cómo me gustan los nombres tanos!

Pero mi cabeza se había adherido a la idea de un descanso, al pensamiento ambiguo de paz mental, y hete aquí el primero de los planes.

El anhelo de libertad, de quedar fuera de algún modo del sistema, de no pertenecer, de buscarme y encontrarme. Pensé que alcanzaría con renunciar a mi empleo y fui por ello.

Fijé límites temporales a mi decisión, no fue nada fácil convencer a otros de mi deseo. Dejaría de depender de mi misma para depender d alguien más, y esa idea asustaba a todos y me aterraba a mí. Porque el abanico era amplio. Tenía que cubrir gastos, depresión, ansiedad, humor. Todo lo delegaba a una persona que ya no era yo.  

Cuando al fin logré encomendar todos esos  inconvenientes a alguien más, un cachetazo me oprimió aún más que mi empleador. Tenía un atraso. Un atraso en mi período, a pesar de tomar anticonceptivos…era raro, pero no imposible. El resultado de una infección urinaria. La irresponsabilidad de nuevo en mí, y en él también.

Y lo confirmé, un jueves de Noviembre… ¡Y cómo me gusta Noviembre! Un poco más q los nombres tanos. En esos dos últimos meses del año pasa todo y de todo. Noviembre y Diciembre son mis meses, nuestros meses.  Pero había que digerir las buenas nuevas y manejar las esquirlas de la explosión…

Me cerré, nos cerramos y nos aferramos a la idea de un error, un problema hormonal, un falso positivo. Y finalmente un viernes de Noviembre, ¡Y cómo aborreceré  Noviembre!, confirmé mediante un examen de sangre que esta vez tendría la chance de ser la madre que no fui con el primero, de ya no ser la madre soltera…de ser familia , y quien sabe, ser feliz, más feliz…

Inmediatamente el Plan A, debía ser dejado de lado y empezar a proyectar, un Plan B.-

Las primeras reacciones fueron dolorosas, hirientes, venían con el mismo ánimo de antaño, el que viví hace más de 7 años, el que promete un abandono, el que predica soledad. Pero la ariana compulsiva que habita en mi montó tal película, y al día siguiente todo era una incipiente alegría.

Él me acompañaba y yo no conocía eso. Él me abrazaba, el me amaba y seguramente amaría lo que vendría, todo lo que vendría.

Hacía tiempo no lloraba tanto, y en el mismo llanto comprendí que el Plan consistía ahora en dejar atrás la idea de libertad, debía pertenecer un tiempo más al sistema, y seguir subyugada por el opresor. Al menos hasta el futuro nacimiento.

Entonces, el sábado fui a trabajar, más o menos contenta. Trabajé mucho, duro como siempre y cuando salí por la noche, fui a casa, y al momento de ducharme, observé que algo andaba mal con el Plan B y no tenía un Plan C.

Terminé en la guardia de un hospital, cuyos médicos estaban más preocupados por la pizza que habían ordenado que por los pacientes. El plan pasaba a llamarse ahora: Amenaza de Aborto.

Era el fin de semana extra-large de Noviembre, tres días de absoluto reposo que al finalizar, un martes,  certificaría todas las sospechas de las últimas horas, embebidas en una abundante hemorragia, el aborto se había consumado.

Bastan tres días para cambiar por completo todos tus planes, y retroceder al punto de partida. Un jueves, un viernes  y un sábado. O un fin de semana largo.

Había sufrido un nuevo ligero cambio de planes. Sin haber siquiera digerido la confirmación de embarazo, ya lo había perdido. Con todo lo que conlleva eso, ¿verdad? Médicos, medicación, estudios, posible intervención para raspado, etc.

Para él fue doloroso en algún punto de su existencia, pero finalmente liberador (o al menos ese fue el término que utilizó) en cambio a mí, me partió el alma en mil pedazos.

Tenía una semana más de reposo, una semana para volver al comienzo. Estaba de nuevo en el Plan A. Rota, pero de pie. Porque tan sólo bastan tres días para cambiar por completo tus planes. Pero al final, comprendes que los planes no se planean.-

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